Stephen Glass, fabricante de mentiras

Stephen Glass era un brillante redactor de la prestigiosa revista de actualidad y política The New Republic. El ingenio de sus artículos, su facilidad para encandilar a todo el que trataba y su juventud le llevaron a ser unos de los periodistas más solicitados. Pero el augurio de un futuro prometedor pronto se tambaleó. Más de la mitad de sus artículos no eran más que puras falsedades. Adam Penenberg (periodista que trabajaba en Forbes en aquel momento) reunió las pruebas necesarias, para desenmascarar a este farsante escritor.

Lamentablemente, este caso no es aislado. También causó un gran revuelo Jayson Blair, redactor del periódico “The New York Times”. Blair, que estuvo trabajando durante cuatro años para el Times, se dedicó a coger partes de las informaciones que realizaban otros diarios, las reescribía e inventaba escenas y declaraciones, haciendo creer que estuvo en el lugar de los hechos. El equipo directivo del Times encontró irregularidades en 36 de los 73 artículos que escribió Blair durante seis meses.

Estos “supuestos periodistas” constituyen un ejemplo de un fraude. Una estafa en una profesión cuya finalidad es, precisamente, servir a la sociedad y velar por la transparencia en funcionamiento del sistema democrático. Stephen Glass abusó de la confianza que los ciudadanos y los informadores depositaron en él y en su profesión. Fue capaz de mantener en jaque al cuarto poder.

En definitiva, en una sociedad sobreinformada, dónde cualquiera puede difundir información, sobre todo a través de Internet, el aspecto que puede distinguir al periodista del farsante, es que el primero estará siempre en posesión de la verdad.

Gracias a Glass, gozamos actualmente,  de un claro ejemplo de “anti periodismo”.

Caso Watergate: Historia de una verdad sin tapujos

William Mark Felt, Garganta Profunda, (Deep Trhoat)  era el número 2 del FBI cuando informó al periodista Bob Woodward, del diario The Washington Post, de la implicación del presidente Richard Nixon en el escándalo Watergate a principios de los años setenta. Woodwaard y su compañero Carl Bernstein escribieron una serie de artículos de prensa con la información recabada a partir de las pistas de Felt, que tiempo después provocaron la dimisión del presidente Nixon y el ingreso en prisión del jefe de personal de la Casa Blanca, H.R. Haldeman, y del consejero presidencial John Ehrlichman. Estos informadores,  quienes llegaron a esclarecer los hechos, en consecuencia fueron galardonados con el Premio Pulitzer de periodismo de investigación en 1973.

Este caso, produjo un antes y un después en la historia. Hoy en día todavía sigue siendo un antecedente obligatorio para analizar dentro del oficio del periodista. ¿Debemos preguntarnos qué límites existen entre el periodismo de investigación y la opinión pública?.

La tarea de “perro guardián” que el sistema democrático le asigna a la prensa se ve potenciada cuando hablamos de periodismo de investigación. Consideramos que ninguna otra forma de periodismo cumple esta misión con más idoneidad. Si los medios de comunicación de masas construyen la realidad social e inciden en lo que la opinión pública, el periodismo de investigación colabora en esta ardua tarea aportando nuevos temas para la agenda mediática y ampliando el espectro de los acontecimientos noticiosos.

Los mass media han alcanzado una gran influencia en nuestras vidas como creadores de opinión pública. Ahí radica la base de su autoridad, ya que cumplen un papel social fundamental. Por tanto, No hay que olvidar que son generadores de nuevas tendencias sociales, desde las actitudes políticas hasta las normas o los valores, pasando por las modas o las necesidades de consumo. Y por consiguiente, el periodismo del siglo XXI se debe comprometer a efectuar la tarea básica de informar, ante todo, con la mayor actualidad y veracidad posible, contrastando la pesquisa mediante fuentes fidedignas.

Nunca debemos olvidar que los periodistas no somos titulares del derecho a la información, sino los intermediarios de un derecho ajeno que pertenece a todos los ciudadanos.

El buen periodismo que levanta ampollas

Hoy en día quedan muy pocos héroes. Héroes qué pasan miedo y todo se va derrumbando mientras las tenazas aprietan más y más. Pero que a pesar de todo esto, se mantienen en pie y conservan sus integridades, luchas y  valores. Gente como Lowell Bergman o Jeffrey Wigand. Supervivientes natos en un mundo implacable en el que términos como honestidad, honradez y lealtad nunca han estado tan devaluados.

Con este ejemplo, se  diserta acerca de estos valores, y de cómo el mundo moderno, las empresas (tabacaleras,  empresas de comunicación o cualquiera) lo ahogan todo por el hecho de mantener su infinito y omnipotente poder.  Asimismo, asistimos al día a día de un prestigioso informador como Bergman. Observamos la rutina de un buen periodista, en suma. Un personaje que debe ser ejemplo para todos aquellos que comienzan en la profesión, y que muestra cómo Bergman,  juega todas sus cartas para proteger a sus fuentes, y no malvender el buen nombre de su profesión. En definitiva, pura y dura (más que nunca) ética.

  Lowell Bergman, uno de los productores de 60 Minutos, programa periodístico de la CBS fue el factor determinante gracias a su equipo de investigación, para que el científico se animara a emprender la quijotesca batalla contra la tabacalera.

60 Minutos no es un programa de informaciones igual que otros, se trata de un género diferente. Desde que apareció, en 1968, bajo la dirección de su creador, Don Hewitt, y con un trío de presentadores entre los que figuraba Mike Wallace, batió todos los récords de audiencia de los informativos, y todavía ahora, cuarenta y un años después, sigue  entre los más populares e influyentes de la televisión norteamericana (unos treinta millones de televidentes como promedio). Este programa ofrece rigor documental, penetración crítica y excelencia visual.

Lo verdaderamente notable del programa no es tanto la maquinaria de investigación de sus reporteros, que le permite hacer cada semana sorprendentes revelaciones, desbaratar poderosas operaciones políticas o financieras y documentar gravísimas acusaciones, sino que sea capaz de desarrollar cada uno de sus temas en el reducidísimo espacio de apenas trece minutos y medio. De esta manera el espectador tiene la impresión de haber sido informado de lo esencial del asunto tratado.

Cuando el productor Lowell Bergman descubrió el caso del científico Jeffrey Wigand, y diseñó una estrategia para que éste pudiese dar ante las cámaras su testimonio sobre el cinismo y la hipocresía delincuenciales de los ejecutivos de la multinacional (quienes habían jurado ante una comisión del Congreso, en Washington, ignorar por completo que la nicotina era adictiva) tuvo el apoyo entusiasta de todo el equipo de 60 Minutos. Bergman derrotó a “los poderosos del dinero”.

El final de esta historia, aunque a simple vista es satisfactorio, nos deja un sabor agridulce en la boca. La pregunta es: Si un periodista de la calidad ética de Bergman no hubiera estado allí, ¿qué hubiera sucedido entonces? ¿En cuántos casos que nunca sabremos, podría haber ocurrido? Y todavía esta otra: ¿Hasta cuándo podrá haber un periodismo voraz y crítico  que los grandes conglomerados económicos no puedan dirigir?

En definitiva: En el poder, ¿quién maneja los hilos?.

Titulares de ayer y de hoy

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El mayor atentado de la historia de España

Los atentados del 11 de marzo de 2004, también conocidos como 11-M, fueron una serie de ataques terroristas en cuatro trenes de la red de Cercanías de Madrid. La sentencia de la Audiencia Nacional atribuyó su autoría a miembros de células o grupos terroristas de tipo yihadista. Fallecieron 192 personas, y 1.858 resultaron heridas.

España vota marcada por la tragedia

El partido de centro-izquierda PSOE liderado por Zapatero ganó con una ventaja del 4,9% al de centro-derecha PP liderado por Rajoy, relevándoles así del gobierno presidido por Aznar en su anterior legislatura de España. Tuvieron lugar tres días después del atentado del 11-M.

11-S: El día que cambió el mundo

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 fueron una serie de atentados suicidas que implicaron el secuestro de cuatro aviones de pasajeros por parte de 19 miembros de la red yihadista Al-Qaeda. Fallecieron 2.973 personas.

Die Wende (El Cambio)

 El Muro de Berlín fue construido el 13 de agosto de 1961, separando la Alemania Occidental, de la República Democrática Alemania. Cayó en la noche del jueves, 9 de noviembre de 1989, al viernes, 10 de noviembre del mismo año.

No a la guerra

El hasta entonces Presidente de  los Estados Unidos, George W. Bush, invadió Iraq desde el 20 de marzo de 2003 hasta el 1 de mayo de ese mismo año. La sirvió para que se diera la primera manifestación ciudadana global en la historia, en contra de un conflicto.

Renovarse o morir

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Los medios de comunicación impresos están de capa caída.  Dos gigantes que se ciernen sobre ellos son: la prensa gratuita e Internet.  No sólo se reducen a causa de la crisis, sino que los ingresos por publicidad, que son los que permiten al periódico seguir pagando nóminas y salir a la calle, disminuyen cada vez más a los ojos de estas empresas periodísticas.

La revolución de los medios digitales puede ser comparada exclusivamente a la que representó la invención de la imprenta. Antes de Gutenberg, tener un libro era casi tener un tesoro. Un caudal que ahora hemos descuidado, y ya no guardamos bajo llave. ¿Podemos afirmar que esto se debe en parte a la nueva ‘generación del Tuenti o del Facebook’? Los jóvenes leen periódicos cada vez menos. Para qué molestarse en comprar lo que pueden leer a golpe de ratón.

No obstante, la disminución en las ventas de papel no deja de ser una ironía, pues nunca antes los diarios han tenido tantos lectores como ahora. La industria del periodismo impreso es incapaz de recuperar el dominio que hasta hace poco ejercía sobre el conjunto de los medios, de mantener sus niveles de influencia y, aún peor, de sostenerse económicamente ni de garantizar la integridad laboral de aquellos que son materia prima y cimiento de su propuesta: los periodistas.  Hallamos algunos ejemplos como los del San Francisco Chronicle, La Gaceta de Canarias, Le Monde, ABC o The New York Times.

En definitiva, la información es un bien público, por más que se haya convertido en mercancía.  El futuro de la prensa escrita está muy lejos de ser un asunto trivial. Y, por tanto, hay que tratar de localizar soluciones para proteger la palabra escrita. Esta alarma social estaría cumpliendo una función clave: preparar psicológicamente a los actores para un cambio inminente en el que van a tener que participar quieran o no. Luego la prensa escrita tiene fecha de caducidad. ¿Hacia dónde se dirigirá?. Únicamente los mejores periódicos sobrevivirán.

 

El ocaso de los medios locales

Los medios de comunicación de masas han supuesto desde sus comienzos un importante avance en la difusión de la cultura y de la información, así como en la posibilidad de participación en la vida pública. No obstante, la profesión ha sufrido numerosos cambios.

 

La actual crisis económica no sólo está afectando al sector inmobiliario o productivo, sino que también perturba a la parcela de la información. Asistimos a una oleada de despidos de periodistas. Ya no existe el suficiente dinero para mantener tantas redes y la clase política está dejando caer a los que verdaderamente alimentan toda esta maquinaria del mundo de la prensa. Son un hecho el cierre de las redacciones locales de ADN.es, la cadena televisiva Localia al completo o el diario QUE!, que reduce su plantilla en un 40%.

 

http://www.elmundo.es/elmundo/2008/11/13/comunicacion/1226603853.html

http://www.rtve.es/noticias/20090108/grupo-planeta-cierra-diario-digital-adnes/217227.shtml

 

Los medios tradicionales como, por ejemplo, la prensa escrita están condenados a cambiar si quieren sobrevivir. El entorno digital ha propiciado el desarrollo del periodismo participativo. Y la difusión del fenómeno ha sido tan espectacular que los viejos medios ya se han visto obligados a incorporar fórmulas interactivas para superar la crisis de la difusión. Un ejemplo de ello, lo podemos encontrar en el diario inglés The Guardian, que ha contratado a blogueros para su sección local:

 

http://paidcontent.co.uk/article/419-guardian-news-media-hiring-bloggers-in-cardiff-leeds-edinburgh/

 

O el  Seattle Post-Intelligencer que ha decidido prescindir de la edición impresa:

 

http://www.seattlepi.com/business/403793_piclosure17.html

 

 Se abre camino a la idea de que uno puede informarse solo. El pensamiento de la autoinformación se va imponiendo. Y en un futuro no muy lejano, los diarios de papel no sólo aprovecharán la red para la elaboración y planificación de sus contenidos, sino que prepararán productos interactivos para aprovechar todas las posibilidades que ofrecen las tecnologías actuales.

 

http://200.58.118.170/index.php/saladillo/informacion-general/5363-ley-de-comunicacion-audiovisual-los-medios-locales-necesitan-ser-escuchados

 

http://www.sermadridsur.com/noticias/los-medios-locales-a-debate-en-una-mesa-redonda-convocada-por-ser-madrid-sur_3820/

 

En definitiva, la clave del periodismo local reside en el interés local de su contenido. Estos medios son más cercanos a los ciudadanos y además necesarios para ponerse al corriente de los hechos acaecidos en pueblos o ciudades vecinas.  Por tanto, hay que tratar de centrarse en el microuniverso urbano y renunciar a los grandes titulares. Se deben  ampliar y potenciar los campos de actuación (municipios, departamentos y comarcas) que conservan los ecos del pasado. Sólo de esta manera, se podrán inmiscuir en el cada vez más complejo mercado de la comunicación.

 

http://www.soitu.es/soitu/2009/03/17/sociedadcableada/1237288786_034023.html

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